El día que no se puede repetir

En una casa hay cosas que se pueden rehacer. Una pintura mal dada se vuelve a dar. Un alicatado que no convence se pica y se pone otro. Sale caro y da rabia, pero se arregla.

Y luego está el día del hormigonado.

Ese día el hormigón entra en el muro, llena todo lo que hay dentro y fragua. A partir de ahí, lo que quedó bien está bien para siempre, y lo que quedó mal está mal para siempre. No hay una segunda pasada.

Por eso es el día en el que más gente hay mirando y menos cosas se improvisan.

Lo que se comprueba antes de que llegue el camión

El hormigonado no empieza cuando llega la bomba. Empieza el día anterior, repasando lo que va a quedar dentro.

El armado. Las barras verticales y horizontales tienen que estar donde dice el proyecto, atadas, y sobre todo tienen que quedar dentro del hormigón, no pegadas a una cara. Una barra que toca el borde no trabaja igual y, con los años, es por donde entra el agua.

Los pasos de instalaciones. Todo lo que tiene que atravesar el muro —desagües, tubos, acometidas— se deja puesto antes. Lo que no esté previsto ese día, luego se resuelve rompiendo.

El apuntalamiento. El muro tiene que aguantar la presión del hormigón fresco sin moverse ni un centímetro. Si se abre por abajo, el muro sale panzudo y eso ya no se corrige: se tira.

Y el aplomado. Se revisa muro por muro, con nivel, antes de que entre nada. Un muro que entra torcido sale torcido.

Muros de una vivienda apuntalados y aplomados antes del hormigonado
Los muros apuntalados y aplomados, el día antes de hormigonar

Cómo entra el hormigón

Por arriba, dentro del muro, y por tongadas: no se llena de una vez. Se da una vuelta completa a la casa echando una altura, se deja, y se vuelve a empezar. Así el hormigón de abajo ya ha asentado cuando le cae el de encima, y la presión no revienta nada.

Mientras se echa, se vibra. El vibrador saca el aire que queda atrapado y hace que el hormigón llegue a todos los rincones, también detrás de las barras. Un muro mal vibrado tiene huecos por dentro que nadie ve hasta que aparece una humedad diez años después.

Vertido de hormigón por la parte superior del muro con bomba, en una obra de Hondón de las Nieves
El hormigón entra por arriba, dentro del muro, y por tongadas

La prueba que se lleva el laboratorio

De la misma masa que entra en el muro se llenan unas probetas: unos cilindros de hormigón que se marcan con la fecha y la obra y se mandan a un laboratorio independiente.

Allí las rompen a los 7 y a los 28 días, y miden cuánta fuerza han aguantado antes de partirse. Ese número dice si el hormigón que hay dentro de tu casa es el que decía el proyecto.

No lo hacemos nosotros ni lo certificamos nosotros: lo firma el laboratorio, y el informe se entrega con la casa. Es una de las comprobaciones que exige la norma, y una de las pocas en las que no hay interpretación posible: o aguanta, o no.

Qué pasa si ese día llueve

Se para. Hormigonar con agua cayendo cambia la mezcla, y una mezcla cambiada es un muro distinto del que se calculó.

Cuesta un día de obra y un camión que se va vacío. Comparado con lo otro, es barato.

Por qué lo contamos

Porque es el día que nadie enseña. Las fotos de una casa son siempre de la casa acabada, cuando ya no se ve nada de lo que de verdad decide cómo va a envejecer.

Fachada de la misma vivienda una vez revocada por el exterior
El mismo muro, ya revocado por fuera

Lo que hay dentro de un muro no se puede comprobar después. Solo se puede comprobar ese día, y por eso ese día hay alguien mirando.

← Todas las entradas